¿Dónde acaba el primate y empieza el homo sapiens?
Esta semana saltó a los titulares la muerte, o más bien el asesinato, de un gorila en un zoológico de Cincinnati (Estados Unidos). Harambe era su nombre, un gorila de 17 años y 180 kilogramos que nació y vivió en cautividad.
El pasado sábado, un niño de 4 años trepó la valla que rodeaba el recinto del gorila y cayó al foso lleno de agua.
Pobre Harambe, que tuvo la desgracia de nacer cerca de los humanos y tener que compartir su vida con nuestra especie, que actualmente no está en peligro de extinción.
Y me pregunto: ¿Dónde estaban los guardias? ¿Ningún visitante vio las acciones del niño? ¿Dónde estaban esos padres? Porque trepar y llegar al foso no ocurre en 5 segundos.
Los animales son seres salvajes ya que no tienen el mismo desarrollo cerebral que los humanos; por tanto, entiendo que si un ser cae al foso e invade mi espacio vital, y todo el mundo grita porque un niño ha caído, lo más normal es la reacción que tuvo el gorila.
Me avergüenzo de esa madre, de ese director de zoológico, de la propia sociedad que cree que porque gobernamos el mundo y somos seres racionales, somos superiores a las especies animales. Ningún animal es capaz de matar a sus propios hijos por odio, celos o maldad, pero los humanos sí.
En Twitter se creó el hashtag #JusticeForHarambe para protestar por el trato dado al animal. No sé si servirá, pero la verdad es que deberíamos pensar quién es el humano y quién es el gorila.