Hoy me ha pasado algo surrealista. Os cuento:
He ido a tesorería a darme de alta para poder tener un certificado digital. He ido a aparcar en una zona donde había una mobilette aparcada, he aparcado a la primera, pero la salida ha sido otro cantar.
Me he subido al coche, he hecho marcha atrás, y con lo alto qué es, no me he dado cuenta y la he volcado. No he escuchado como caía, pero al incorporarme a la vía, la he visto tirada en el suelo.
Han pasado 100 metros y mi cabeza se ha puesto a echar humo. Si yo fuera el dueño de esa mobylette, me hubiera gustado que pararan y recogieran mi moto. Vamos lo normal, de una persona civilizada, empática y educada.
He tenido que andar 1 km hasta la rotonda próxima, dar la vuelta y volver. He aparcado en doble fila y me he dispuesto a ver mi estropicio. Primero la he levantado, que madre mía, cómo pesan esas motos antiguas, y he intentado poner la pata.
De repente, un andarín con cara de simpático: «Disculpe Señor, ¿me ayudaría a ponerle la pata a la moto?», el señor super-amable, ha hecho una maniobra de halterofilia y le ha puesto la pata en 3 segundos.
Yo, sudando, me he subido al coche. Me sentía cual heroína, como si hubiera hecho la obra del siglo. Todos deberíamos ser respetuosos y empáticos con el prójimo.