La «nueva normalidad» no tiene nada de normal. Hemos pasado por diversas fases de la pandemia que ahora se sienten distantes.
Muchos han olvidado el sufrimiento y las pérdidas experimentadas. En abril del año anterior, mi abuela de 90 años falleció. El último año se sintió como «una montaña rusa constante», dejándome afectada psicológicamente.
Sin embargo, la crisis reveló amistades genuinas — particularmente mis compañeras María José y Laura, que proporcionaron apoyo virtual diario, y amigos que demostraron cariño genuino. Algunas relaciones se deterioraron, con personas volviéndose más egoístas.
La pandemia me enseñó que «cada persona tiene una visión completamente opuesta de las cosas.»
He recuperado el control de mi vida, centrándome en el trabajo, la familia y los amigos.
Ha vuelto Elena. La risueña, la atrevida, la divertida, la mala madre, la buena amiga. ESTOY DE VUELTA PARA DARLO TODO.
Felicidades por tu vuelta, te quiero y vienen tiempos mejores, tanto online como en persona.
Incluso mi hija piensa que vivimos juntas de lo mucho que nos hemos visto por videollamada durante el confinamiento. Somos familia.
Has dado voz a sentimientos compartidos durante esta situación, con palabras apropiadas en circunstancias inapropiadas.
El coronavirus marcó un antes y un después en la vida de todos. Un abrazo.
Eres sabia, te recompones de las dificultades y me alegra verte volver con fuerza.
Hay que seguir adelante, reconociendo lo que realmente importa y nos hace felices.
El año fue duro, pero la vida mejora. Tu impacto positivo es innegable. Te echo de menos.
Celebro tu felicidad y confianza. Ojalá la pandemia cree un cambio positivo duradero en los valores de las personas.